¿Así que el tema era Israel?

08/Sep/2014

Correo de los Viernes

¿Así que el tema era Israel?

En muchas partes del
mundo se ha mirado —y se sigue mirando— al tema de la seguridad de Israel y los
conflictos que le han afectado, como algo referido al pueblo judío y sus
persecuciones históricas. La vieja cuestión judía estaría en el centro del
conflicto del Cercano Oriente.

Nuestro propio Canciller
en cierto momento llegó a decir que si se resolvía el tema palestino, estaba
resuelto el 80% de la problemática regional. Por cierto se olvidaba del Irán y
su pasión atómica, de Siria y su feroz guerra civil, de Irak y su
inestabilidad, del propio Egipto y su enfrentamiento entre militares y
“hermanos musulmanes”, de la histórica rivalidad entre chiitas y sunitas. En una
palabra, un disparate, pero un disparate muy negativo que recaía sobre Israel
como un estigma.

Estos días dramáticamente
se vive la auténtica realidad de un enfrentamiento entre organizaciones
fundamentalistas islámicas dispuestas a todo y el mundo occidental, amenazado
en sus propios valores. El llamado “Estado Islámico” es una expresión extrema
de esa Guerra Santa que aspira expresamente a reconstruir en España el califato
musulmán (volver al Al Andalus) y enfrentar los principios de nuestras sociedades
democráticas, miradas desde ese ángulo fanático como heréticas y corruptas. El
desafío envuelve tanto a Europa como a EE.UU. Todo quien no reconoce a Alá como
Dios y a Mahoma como su profeta, se convierte o no tiene derecho a vivir. Así
se dice, además, sin ningún rubor.

Los degüellos
espectaculares, las matanzas sin límite, se suman a lo que Hamas, Hezbollah y
otras organizaciones parecidas proclaman. Las persecuciones de cristianos en
toda el área, especialmente en Irak, han sido un testimonio —dramático pero
categórico— de que la cuestión va más allá, mucho más allá, de la cuestión
palestina propiamente dicha.

Hasta el Papa Francisco,
cambiando años de abstención vaticana en materia de intervenciones militares,
la ha reclamado para detener estas matanzas.

Nuestra Cancillería
debería tomar cabal nota de esta situación. Al igual que todos esos candorosos
biempensantes que no terminan de asumir que la eficacia militar de Israel es lo
que lo ha salvado y que, si no se defiende y no defiende a su gente, está
perdido como país. Del mismo modo que si no lo hiciera, ¿a dónde irían a parar
Francia e Inglaterra con un mundo musulmán en creciente estado de revuelta?

La Guerra Santa no es
contra Israel. Es contra todo Occidente. Y no dejemos de verlo.